Soft mode
Nos han vendido la moto de que hay que estar siempre a tope: trabajando, aprendiendo, mejorando, siendo “la mejor versión de uno mismo”… Mira, mi mejor versión a veces es yo durmiendo la siesta con la boca abierta. Y aun así me siento mal, como si estuviera escapándome del cole para irme a por un bocata.
Pero oye, en este mundo que va en “modo Wi-Fi”, parar un poco es casi como ser punk. Es decirle al universo: “mira, hoy no me actualizo, que tengo poca RAM”.
La vida moderna es básicamente eso: una lluvia de pings intentando convencerte de que todo es importantísimo. Pero vamos a ver, ¿qué es urgente en realidad? Si no contesto un WhatsApp en cinco minutos no va a explotar nadie. Igual explota su paciencia, pero el cuerpo lo tienen entero, no dramaticemos.
Y oye, no pasa nada. No somos máquinas. A veces todo va rápido, a veces vamos rápido nosotros y otras… simplemente no nos apetece. Y eso también es un sentimiento válido, por si alguien lo dudaba.
¿Os acordáis cuando el silencio no era incómodo? Ay, esa nostalgia del silencio (ese señor que ya casi no viene) Cuando podías mirar por la ventana sin sentir que estabas desperdiciando tu vida porque no estabas “produciendo”. Echo de menos eso: la pausa, el café que se enfría porque estabas soñando despierto, la tranquilidad sin culpa.
No te digo que te vayas a una cabaña sin Wi-Fi como influencer en crisis (aunque un poquito sí apetece). Me refiero a mini-ratitos de desconexión: un paseo sin auriculares, desayunar sin mirar el móvil, quedarte mirando el techo como si fuera un mural de museo.
Parar no es abandonar. Frenar no significa desaparecer del mapa. Significa respirar, y punto.
Claro que podemos seguir con nuestras apps, nuestras videollamadas y nuestras listas de tareas que parecen nunca acabar. Pero también podemos darnos permiso para bajar el ritmo sin sentir que somos unos vagos. Porque ser productivo sin parar es como usar el móvil sin cargarlo: dura dos telediarios y luego se apaga. Y después no hay quien lo reviva.
Vivir más lento no es vivir peor. Es vivir más como te dé la gana, sin que las notificaciones decidan por ti.
Así que hoy, si puedes, date cinco minutitos de chill. Hazte un café, míralo, huélelo… y si se enfría, pues ya te lo bebes frío. El mundo seguirá corriendo en Wi-Fi. Tú puedes correr… o ponerte en modo avión un ratito. Tú eliges.
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