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Mi sobrina Andrea

Hay momentos en la vida en los que sientes un orgullo especial. De ese que no hace ruido… pero lo llena todo. Hoy quiero hablar de mi sobrina Andrea. Porque sí, porque se lo merece. Desde pequeña ya apuntaba maneras. Mientras otros niños jugaban sin más, Andrea siempre tenía un ojo puesto en cualquier animal: perros, gatos… daba igual. Había algo ahí, una conexión natural, como si entendiera que cuidar también es una forma de querer. Y no, no era una fase. Andrea ha terminado la carrera de veterinaria. Un camino que ha seguido con vocación y, sin duda, con muchísimo esfuerzo. Porque quien conoce esa carrera sabe que no es nada fácil: horas de estudio, prácticas, nervios, exámenes… y aun así, nunca perdió esa chispa inicial. Esa que no se aprende en ninguna universidad: la vocación. Porque ser veterinaria no es solo una profesión. Es una forma de estar en el mundo. Y lejos de conformarse, ha decidido seguir creciendo. Ahora está haciendo un máster en nutrición animal. Y esto...

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