Cuando insistir no es tener razón
Las declaraciones del pasado viernes de Rosa Benito no aportan nada especialmente nuevo. Y quizá ese sea, precisamente, el problema. Porque cuando un discurso se repite una y otra vez, deja de parecer una opinión para convertirse en una estrategia. Y en este caso, la estrategia resulta bastante evidente: prolongar un relato que sigue girando, casi de forma obsesiva, en torno a Rocío Carrasco . No es análisis. No es contexto. No es evolución. Es insistencia. Y la insistencia, cuando no viene acompañada de argumentos sólidos o de una mirada realmente constructiva, termina siendo simplemente ruido. Un ruido que, además, se disfraza con cierta pretensión de firmeza, como si elevar el tono o reiterar el mensaje lo convirtiera automáticamente en más válido. Pero no funciona así. Hay algo especialmente llamativo en esa necesidad constante de posicionarse desde una supuesta superioridad moral, como si el tiempo no hubiera demostrado ya que los discursos grandilocuentes, cuando no se sost...









