Bienvenido, otoño: la temporada oficial del "crunch" y del café con calabaza

Ah, el otoño… esa época mágica en la que los árboles deciden desnudarse con elegancia, el viento se pone dramático y todos empezamos a vestirnos como si fuéramos protagonistas de una película indie grabada en un bosque.

El verano ya se fue (por fin), y con él se va la presión social de “aprovechar el buen tiempo”. Ahora podemos quedarnos en casa con una manta, un chocolate caliente y cero remordimientos. Porque, aceptémoslo, el otoño es la estación oficial del “mejor me quedo viendo series”.

Los árboles, por su parte, se vuelven artistas abstractos: cambian sus hojas a tonos imposibles de describir (“¿eso es naranja cobrizo con toques de melancolía?”) y luego las tiran al suelo para que nosotros podamos pisarlas felizmente mientras gritamos “¡crunch!”. Si el otoño tuviera una banda sonora, sería eso: hojas secas crujientes y gente haciendo stories con filtros cálidos.

Y claro, llega también la invasión anual del pumpkin spice. Nadie sabe muy bien cómo empezó, pero de repente todo tiene sabor a calabaza: café, galletas, velas, champú, ambientador del coche, y probablemente el aire mismo. Si un día te distraes, seguro terminas perfumado a “otoño premium” sin darte cuenta.

Pero no todo es glamour otoñal. Es también la temporada en que uno sale de casa confiado con un solecito amable… y vuelve empapado porque el clima decidió hacer un cambio de guion a mitad de la tarde. O ese momento glorioso en que sacas tu abrigo favorito y descubres un billete de cinco euros olvidado desde el invierno pasado —una bendición otoñal en toda regla.

Y luego está el eterno dilema del vestuario: por la mañana hace frío polar, al mediodía un calor que te derrite, y por la tarde viento de tornado. El otoño no quiere que estés cómodo; quiere verte improvisar.

Aun así, tiene su encanto. Es la estación de los paseos entre hojas, las fotos con bufanda, las sopas reconfortantes y las tardes lentas. El otoño nos recuerda que cambiar también puede ser bonito (aunque a veces venga acompañado de resfriados y paraguas traicioneros).

Así que, si ves una hoja caer, no pienses en el fin del verano. Piensa que es la naturaleza diciéndote:

“Relájate, ponte cómodo, y disfruta del crunch”. 🍁

 ️ Por Gracia Barquilla — Una no escritora que ha cambiado el té por el café y que intenta hacer reflexiones con humor en un mundo que no para de cambiar.

 

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